Los amores de verano terminan por todo tipo de raones, pero al fin y al cabo todos tienen algo en común: Son estrellas fugaces. Un espectacular momento de luz celestial. Una efímera luz de la eternidad que en un instante se va.
Eso es lo que tú me dabas y lo que yo esperaba darte siempre. En tiempos de desdicha y sufrimiento, te abrazaré, te acunaré y haré de tu dolor el mío. Cuando tú lloras, yo lloro, cuando tú sufres, yo sufro. Juntos intentaremos contener el torrente de lágrimas y desesperación y superando los misteriosos baches de la vida. Daría cualquier cosa por volver a esos momentos, todo a cambio de un segundo juntos. Porque cuando todo empieza a ir mal, lo único que deseo es volver a tu lado y abrazarte fuerte. Quiero volver a esos días donde sólo hacía falta una mirada para hacerme sonreír, donde el tiempo pasaba sin que nos diéramos cuenta y todo lo demás no importaba. Sólo nosotros. Y quiero hacer de aquellos días momentos que no pueda olvidar jamás. Tienes esa magia en la mirada que me hace no poder mirar a nadie más. Esa magia en los labios que me hace extrañarlos cuando no los puedo besar. Esa magia en las manos que al recorrer mi cuerpo me hacen volar. Y no hay nada más mágico que un segundo a tu lado. Si es que mi magia eres tú.

No hay comentarios:
Publicar un comentario